
Cuando Henry Ford giró el interruptor de la línea de montaje en 1913, es poco probable que quisiera cambiar el mundo. Su meta era construir autos de modo más rápido y a menor costo. En la década del noventa, en la medida que que las tecnologías de Internet empezaron a permitir transacciones instantáneas y desde cualquier lugar, esta economía basada en la producción pasó a una economía centrada en las transacciones. Lo que comenzó como una innovación técnica se convirtió en una revolución cultural y empresarial. el mercado está cambiando de nuevo : esta vez hacia una economía basada en las interacciones. Una economía de este tipo demanda trabajadores con conocimiento. La pregunta fundamental es : ¿ estamos preparados para triunfar en esta nueva economía ? La respuesta la podemos buscar en la base de nuestro sistema educativo. No podemos negar la importancia de la educación en matemática, ciencias e ingeniería, y su relación estrecha con el grado de liderazgo de nuestro países en el ámbito de la economía de interacciones. La tecnología está penetrando y determinando cada vez más el modo en que trabajamos , vivimos y jugamos. La misma tecnología que se está convirtiendo en el centro de nuestra economía puede tambien ser la respuesta para la educación del siglo XXI:
